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viernes, 27 de septiembre de 2013

Resolución de conflictos a la alemana

Al contrario de lo que pueda parecer, la resolución de conflictos a la alemana no es nada eficiente. Es una p*** m*****.

Por lo general, los alemanes son conocidos por ser muy eficientes para todo, y eso es porque cumplen las reglas a rajatabla y claro, así el porcentaje de error es mínimo, porque se hace todo tal y como se tiene que hacer. ¡Pues no! Porque luego cuando pasa un imprevisto, tienen atrofiada la capacidad de solucionarlo. Estos días estoy un poco hasta los pinreles de cómo funcionan estas cosas aquí. Que no digo que en España vayan mejor, solamente digo que aquí no funcionan bien así. Pues la cosa es que esta semana ya son 3 las veces que los servicios técnicos varios se empeñan en pasar por mi casa cuando no estoy.

Primero los que revisan los detectores de humo: me dejan un papel en el buzón diciendo que vendrán el lunes entre las 17h y las 18h. Teniendo en cuenta que termino de trabajar a las 17h (siempre algo más tarde) y que tardo una hora en llegar a casa, no les voy a pillar ni de broma. Y mira que llegué a las 17:45h, pero allí no se presentó nadie. Y ni dejaron papelito en el buzón ni nada.

Luego los de o2 para ponerme Internet: no me mandan ninguna carta ni nada ni nada, pero por el SMS que recibo diciendo que me dan de alta para Internet y teléfono el día 26 de septiembre, se presupone que tiene que venir un técnico ese día a casa. Por si acaso, voy el 25 a la tienda y me dicen que, efectivamente, van a pasarse entre las 8 y las 14h del día siguiente. En otra tienda de o2 vuelvo a preguntar lo mismo y esta vez me dicen que entre 8 y 16h. Les digo que yo trabajo de 9 a 17h y que no voy a estar en casa, que si no pueden venir antes de las 9h (o sea, a las 8h, que entra dentro del horario). Me dice el chico que si no puedo faltar yo al trabajo y esperar todo el día en casa. Le miro con mirada are you f*cking kidding me y le digo que no. Me dice que si no hay un vecino que se pueda quedar todo el día en mi casa a esperar. Más de lo mismo. Vamos, ya me imagino yendo puerta por puerta "hola, soy nueva y no le conozco de nada, pero tome mis llaves y paséese usted por mi casa libremente". Además, ¿qué van a hacer dos alemanes (el técnico y el vecino) con mi portátil en español? Nada, me dice que de todos modos me llamarán antes de pasarse por casa para asegurarse de que estoy. ¿A vosotros os han llamado? Porque a mí no. Llego a casa y veo en la caja "¡ACHTUNG, importante! Instale Internet con la ayuda del técnico y antes de las 20:00h". Pues nada, os podéis imaginar que sigo sin Internet y sin teléfono. Estuve llamando a atención al cliente y me tuvieron 2 veces esperando 10 minutos para finalmente colgarme. También es verdad que o2 es de Telefónica, así que os hacéis una idea del timo.

Y por último, abro el buzón esperando ver un papelito de los de o2 del tipo "hemos venido pero no estabas" y lo que me encuentro en su lugar es con un papel de los técnicos del agua/calefacción diciendo que ya me habían avisado de que venían hoy y no estaba. Que se pasarán otro día entre 16-17h (y dale, ¡que no estoy!) como última oportunidad. No sé de qué hablan ni quién son esa gente. 

Conclusión: ¿esta gente no contempla que igual en ese horario de mierda la gente trabaja y no puede estar en casa? Y que no puedo pedir un día libre en el trabajo para esa tontería. Y que no conozco a nadie que pueda quedarse en mi casa esperando 8h a que aparezcan. No tengo familia aquí, y los pocos amigos que tengo trabajan en esos horarios. Así que puedo decir que seguir las reglas a rajatabla te impide la resolución de problemas e imprevistos: DADME UNA SOLUCIÓN, os estoy diciendo que NO hay forma de que a esa hora esté en casa. Os estoy diciendo que como mucho puedo esperar hasta las 9am aunque suponga llegar tarde al trabajo una hora. Pero nada, que no, que el horario es ese y no me aseguran que vengan antes de las 9am. Soy una pringada, me siento perdidísima y no sé cómo leches solucionar esto.

lunes, 23 de septiembre de 2013

El resultado

Pues no, no voy a hablar del resultado de las elecciones alemanas porque aquí no se habla de política. En su lugar, hablaré de... *trtrtrrrrrtrrrrr*

El misterio del bolso de alemana: ¡resolución!

Pues efectiviwonder, el bolso de alemana con el que posé en las fotos no es mío (Ooohhh...). Es de mi compañera de trabajo, que se ve que su hija se los da cuando ya no los usa más y se le quedan viejos (no voy a hacer comentarios al respecto). En realidad, el mío es el que sale en la foto de aquí abajo, y es un regalo de mi tía. No sé por qué, pero con los relojes y los bolsos siempre me pasa lo mismo: nunca me los compro yo, siempre me los regalan, así que nunca los llevo porque los haya elegido yo o me parezcan bonitos, sino que aquí se ve que mi estilismo lo deciden los demás. Por eso he llevado bolsos y relojes de todo tipo, tamaño y color. Y tan contenta oye. Así que ya sabéis, si alguno está pensando en regalarme algo y no sabe qué, y si tenéis 70€ a mano, podéis darle un pensamiento a lo del bolso de alemana... yo me dejo querer, no me voy a oponer.






jueves, 19 de septiembre de 2013

Misterio misterioso

¿Me habré comprado el bolso de alemana? ¿Será todo un montaje? Sí... No... Se aceptan apuestas.
Bolso marrón mediano

Bolso negro grande


Ojo que no es uno, sino dos.

miércoles, 18 de septiembre de 2013

El bolso de alemana

El bolso de alemana es el nombre que le doy a los bolsos que llevan todas las alemanas por aquí, un bolso que al principio me pareció horrible, parecía más un neceser gigante que otra cosa, hortera y simplucho. Y encima carísimo. La verdad es que nunca me había fijado en él, hasta que el invierno pasado, allá por la época en que Lana del Rey acaparaba todas las marquesinas de los autobuses promocionando H&M, una amiga me dijo que qué me parecía "el bolso de alemana". Al principio no supe de qué me hablaba, hasta que eché un vistazo alrededor y vi que estaba rodeada de una plaga de bolsos feísimos que, así sin contexto ni nada, en un escaparate, yo habría tomado por neceseres de los que venden/regalan en el Douglas o el Yves Rocher.

Peeero aaaaamiga, lo que tiene llevar aquí ya un tiempecillo es que te acostumbras a ciertas cosas de las que en tu hábitat natural en España renegarías. Y una de ellas es, como podéis imaginar, el bolso de alemana. Para mi horror, últimamente me he descubierto en más de una ocasión mirando con casi-envidia a las mozas germanas llevando estos bolsos caros y horribles. Jo, es que una vez los ves puestos no te parece una aberración tan grande, los hay en muchos colores y su simplicidad atrae bastante, ya que no me gustan los bolsos recargados y con muchos bolsillos por fuera o dibujitos. Supongo que los gustos van cambiando conforme te acostumbras al entorno, ¡si hasta la mierda-moqueta me parece medianamente útil en invierno, para no pasar frío en los pies! Por no decir de las gabardinas que desde ayer he visto que lleva todo el mundo. ¿Pero dónde estoy yo cuando se instauran las modas aquí? ¿Por qué de repente bajan las temperaturas considerablemente y todo el mundo lleva el mismo abrigo? Nunca me ha gustado llevar las cosas que se ponen de moda, pero es que las gabardinas estas son muy bonitas, y con el bolso de alemana quedan muy bien. Pero debo contenerme: ¿qué será lo próximo, llevar las botas UGG? Por lo pronto, me quedo tranquila sabiendo que no tengo dinero para pagarme un bolso de esos, aunque quisiera saber vuestra opinión: ¿son tan feos como yo pienso, o son pasables? Si algún día se me va la cabeza y me compro uno, colgaré una foto para dejar constancia de mi enajenación mental. Hasta entonces, lucharé contra la tentación.



Foto del flamante Bolso de alemana

lunes, 16 de septiembre de 2013

La impaciencia alemana

El tiempo me la ha vuelto a jugar: hace sol! Sol! Y si me apuras, hasta calorcito. Bueno, el concepto de "calor" que se tiene viviendo en Alemania.

Estos días he estado en España, y a mi vuelta me he dado cuenta de lo impacientes y "refunfuñones" que son los alemanes a veces. Ya en el aeropuerto, allá en spanischen tierren, la estaban liando pardísima. Se hicieron dos colas para entrar al avión, una para los pasajeros de las filas 15-31 (los primeros en embarcar, por eso de que no se hagan atascos) y otra para los de las filas 1-14. Pues nada, que a esta gente eso de que unos pasen por la cara y otros no, no les hace ninguna gracia, y empezaron a querer pasar y refunfuñar por todo. Ya dentro del avión siguieron con sus quejas, y es que salimos con retraso porque faltaban 4 pasajeros que habían facturado maleta y se habían dado a la fuga, porque no los encontraban. Y cuando la azafata les preguntó a unos que si podían poner su mini-bulto debajo del asiento por falta de espacio, siguieron quejándose porque ellos tenían derecho a que su equipaje fuera en los compartimentos superiores, y que nein y que nein. Ya en deutschen tierren vi más de lo mismo, y por cualquier minucia, oye. Que yo siempre defiendo la simpatía y amabilidad de los alemanes, pero es que ayer no sé si es que tenían todos el día cruzado o es que en el norte son así y yo no me he dado cuenta hasta ahora. Espero que esa cara de no haber comido All-bran no se pegue como se me ha pegado la costumbre de quitarme los zapatos al entrar en casas ajenas, que mis amigas ya me dijeron que eso era de maleducada y que no lo hiciera más. Si es que soy una incomprendía.

miércoles, 11 de septiembre de 2013

Mi ex-vecino, el loco.

De un día para otro, sin previo aviso ni nada, se ha ido el sol y se ha instalado en el cielo una capa blanca de nubes que lo cubre todo, todo, todo. No es que digas "está nublado", no, es que el cielo directamente es blanco, y eso me recuerda peligrosamente al invierno que hemos tenido este año, en el que no hemos visto el sol hasta marzo. Pero soy optimista, confío en que todavía nos quede algún día de cielo despejado, por lo menos hasta finales de octubre. Leyendo el blog de Mamá española en Bulgaria sobre gente que rebusca en la basura en invierno, he recordado una anécdota que quiero compartir hoy con vosotros: "La breve -pero curiosa- historia de mi ex-vecino, el loco".

Durante mis 3 primeros meses en Alemania, compartía piso con una francesa y un inglés (parece un chiste de esos de "están un inglés, un francés y un español...") en un edificio antiguo (Altbau) de 3 plantas, de esos en los que el baño estaba en el rellano que hay entre planta y planta. La cosa es que al poco de llegar, el inglés (que se merece un post aparte, por lo loquito que estaba también) me avisó de que nuestro vecino se paseaba desnudo por el rellano. La verdad es que nunca lo comprobé por mí misma, pero sí pude corroborar que muy bien no estaba cuando se presentaban un par de veces por semana familiares suyos y entraban sin avisar al piso del viejo (que tenía el pomo roto) para ver si seguía vivo o ya la había diñado. El caso es que en Alemania, uno puede dejar sus zapatos en el rellano sin temor a que nadie se los robe, y eso hacíamos nosotros, junto con las bolsas de reciclado. Como muchos ya sabréis, en este país el reciclaje está a la orden del día, y en los supermercados puedes llevar tus botellas de plástico o cristal para que te devuelvan dinero (hay máquinas especiales para eso). Tanto es así, que hay gente que se dedica exclusivamente a buscar botellas con pfand, sobre todo en fiestas, conciertos, festivales... Que los ves ahí con el carro del súper, de los que metes 1€, con toda la pinta de habérselo llevado del LIDL. Pues a lo que iba, nosotros como buenos rácanos jóvenes extranjeros integrados y concienciados con el ecosistema teníamos una bolsa gigante donde acumulábamos las botellas para llevarlas a sacarnos unas perras reciclar. Un buen día, llegué a casa y no vi la bolsa-tanque. "La habrá tirado el inglés, que él tiene coche y puede cargar con la bolsa". Pues parece que los 3 pensamos lo mismo, porque durante un par de días nadie dijo nada ni reclamó el dinero de esas botellas que uno de los tres se habría quedado. Hasta que al final salió a la luz que ninguno habíamos sido: había sido el viejo! Al muy maldito se le debieron de poner los ojos con el símbolo del € al ver nuestra bolsa-tanque, y debió de cargar con ella a cuestas (con lo que pesaba, ojo, que las botellas eran de cristal y en el edificio no había ascensor -nunca lo hay-) hasta el súper. El caso es que el señor de listo tenía un rato, porque a nuestra costa se debió de sacar un buen pellizco. Que te dan muy pocos céntimos por botella, pero leche, que ese dinero es nuestro. Así que nada, nos quedamos sin el dinerito extra que proporciona un mes intenso de recolecta de botellas porque el viejo se nos adelantó. Y lo peor es que me lo imagino esperando impaciente durante un mes hasta ver la bolsa lo suficientemente llena como para atacar en el momento oportuno.


(No, ninguno le dijimos nada porque al fin y al cabo el señor se dedicaba a limpiar el rellano a conciencia a diario; eso que nos ahorrábamos nosotros. Bueno, y porque estaba muy sordo y solo hablaba alemán).

lunes, 9 de septiembre de 2013

Primer año en Alemania: ¡más que superado!

El día 3 de septiembre hice un año aquí. ¡UN AÑO YA! Lo celebré de la mejor manera posible, en compañía de dos de mis mejores amigas, que vinieron a visitarme, y en el sitio que marcó un antes y un después en mi estancia en Alemania (y hasta aquí puedo leer).

Desde el 3 de septiembre de 2012 han pasado muchísimas cosas y he pasado por muchísimos estados anímicos diferentes. He compartido piso con 3 personas diferentes, me he mudado 3 veces, he tenido 3 trabajos distintos, y parece que al fin se calma todo y empieza a coger forma "definitiva". En cada una de las 3 etapas en las que puedo dividir este año he aprendido cosas nuevas, me he sentido feliz, triste, querida, sola, independiente, capaz, cobarde, valiente... He descubierto cosas sobre mí misma que me han sorprendido (unas para bien, y otras para no tan bien), he mejorado mi alemán (aunque todavía me queda muuuucho por delante), y he ganado en experiencia y confianza. Habiendo cumplido ya un año aquí, me he dado cuenta de que ya no hay excusa, ya no me puedo escudar en el inglés porque "es que llevo poco tiempo", ¡que empiezo a ser veterana! Que pago impuestos como cualquier otro alemán, que firmo contratos en alemán, y tengo los mismos derechos y deberes que un alemán. Así pues, cuando hablo en este idioma y me contestan en inglés, intento seguir con el alemán hasta el final (hasta que me gastan una broma y no me entero porque no la entiendo, ahí mi cara ya habla el idioma universal del lenguaje corporal sin necesidad de usar el inglés ni nada). En definitiva, que ya llevo un año aquí; para algunos será muy poco, pero para mí es un logro, es mi primer año, y todavía me queda mucho por mejorar, aprender y experimentar. Tantas, tantas, tantas cosas han cambiado desde que llegué, que no sé ni cómo he ido digiriendo todo como si tal cosa, sin darme cuenta, sin notar el tiempo pasar. Pero ya, solo quería compartir mi alegría por este primer añito en Alemania. Por cierto, ¿lo he dicho ya? ¡UN AÑO!

sábado, 7 de septiembre de 2013

Probando, probando...

Parece mentira, pero he vuelto. Han pasado unos meses desde la última publicación, pero todo ha estado "patas arriba" y no ha habido manera de ponerse a escribir algo serio. A finales de junio me quedé sin sitio donde vivir y me he quedado en casa de unos amigos (benditos ellos) hasta encontrar un sitio para mí. Con lo difícil que es encontrar casa en Alemania, tardé un mes hasta conseguir algo, después de muchas entrevistas y vistas de pisos en las que siempre escogían a otros. Aunque empecé buscando piso con una amiga, finalmente he encontrado un sitio para mí solita, y me ha costado Dios y ayuda (de mis amigos también) amueblarlo. Y así he pasado agosto: del Ikea al piso, del piso a casa de mi amigo, de casa al trabajo, del trabajo a Ikea, y vuelta a empezar. De hecho, no he entrado a vivir en él hasta este fin de semana pasado. Y cuando pensaba que el martirio de comprar-montar muebles ya había terminado, todavía me queda seguir apoquinando: que si contrata Internet, que si la compañía del agua, que si la de la luz, que si me hace falta un espejo, algo para decorar el comedor, algo para poner la tele (tele que todavía no tengo), que si no tengo lavadora, que si no tengo microondas, que si a ver qué pongo en la pared para tapar ese agujero feo... Y espérate que aún no he colgado las lámparas del techo, que sobrevivo con una lámpara de pie que voy moviendo según cambio de habitación. Y una velita en la cocina, muy cuqui, eso sí. Y con el wifi que me presta mi vecino, al que le regalaré unos bombones cuando me vengan a instalar Internet en un par de semanas. Cuando compré el último mueble me planté y dije que ya no volvería a pisar un Ikea nunca mais, y que ya está bien de gastar. Pero una cosa lleva a la otra, y se acaba dejando una el sueldo en decorar una casa que total, solo la voy a ver yo. Lo mejor es que cuando compraba los muebles ya estaba pensando en cómo y por cuánto los iba a vender en Ebay de aquí unos años, cuando me vaya. En fin, que no he tenido tiempo para nada.

Pero ya he vuelto y espero que esta vez sea para quedarme, porque...

¡HE CUMPLIDO UN AÑO AQUÍ! ¡Mi primer año en Alemania!

Intentaré hacer una reflexión sobre este año aquí y la pondré en la próxima entrada. Disfrutad de lo que aún queda del verano alemán, ¡que este año parece ser que estamos de suerte!